
Descubriendo los valores de la cultura popular
By Gloria Hutchinson
Cuando muchos descartan la "cultura popular" como un desecho, la sabiduría del catequista mira esto como un campo en el que trigo y cizaña crecen codo a codo. Nuestra tarea es capacitar a nuestros estudiantes para discernir la diferencia y escoger el buen "grano" de alimento espiritual.
Los medios de difusión, la electrónica, la imagen-cultura dominante del siglo veintiuno, ejercen una apremiante influencia sobre los jóvenes. No podemos ignorar el impacto de la TV, la red informática, los teléfonos celulares y auto radios, los VCR's, DVD y video juegos, las super tiendas, las cadenas de comida rápida y el peso abrumador de la moda. La educación religiosa debe tener en cuenta las expectativas que se manifiestan dentro de la cultura popular. Nuestros jóvenes desean ser entretenidos, estimulados, informados, y vivir la emoción. Desean tenerlo todo a ritmo veloz. Pero, ¿cómo descubrimos el valor en una cultura que se ha descrito como "una religión competitiva"? Miramos con ojos de fe más que con una mirada escéptica. Vamos al encuentro de lo bueno y lo ponemos al servicio de Dios. El Papa Juan Pablo II advierte: "La realidad contemporánea demanda una capacidad para aprender el lenguaje, naturaleza y características de los medios de difusión. Usándolos correctamente pueden guiarnos hacia una genuina inculturación del Evangelio"(Iglesia en América, 1999, #72).
Las palabras del Santo Padre se aplican a todos los aspectos de la cultura popular. Ya sea que evaluemos un juego en video o una película popular para los niños, debemos "aprender el lenguaje, naturaleza y características" de esos productos. ¿Qué historias cuentan? ¿Contradicen o son paralelas a las historias de Jesús? Como lo estuvo Jesús, los catequistas necesitan estar inmersos en su propia cultura para poder comunicarse efectivamente con el pueblo de Dios.
Así como Jesús hizo alusión a las redes del pescador, al grano de mostaza y a la moneda del reino, nosotros también debemos aprender a poner a trabajar todo, creatividad y esfuerzo tecnológico, que ayuden a alimentar el espíritu. Si fracasamos en esto, perdemos el trigo juntamente con la cizaña.
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