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Enriquecimiento para el catequista

Usando la reflexión en la catequesis

By Hermana Carol Cimino SSJ
Hermana Carol  Cimino SSJ

Carol Cimino, una hermana de San José de Rochester, Nueva York, ha sido maestra y administradora en todos los niveles de educación católica. Hermana Carol sirve como Consultora Nacional de William H. Sadlier y es Co-directora del Instituto para el Liderazgo en las Escuelas católicas, en Manhattan College.


Un día, me encontraba sentada en un restaurante cuando unos padres entraron con su hijo de cinco o siete años. Cuando el grupo fue instalado en su mesa, el pequeño recibió unas crayolas y un pequeño libro para colorear. "Esto te mantendrá ocupado", replicó la mesera, mamá y papá asintieron. Algunas veces, dar a los niños algo que positivamente los ocupa es, en general, una buena idea. Pero permitirles simplemente estar quietos, tomar tiempo para pensar, reflexionar y soñar es igualmente muy importante.

El Directorio General para la Catequesis nos recuerda el valor de los "momentos de silencio". "Es tarea de la catequesis procurar que las personas estén atentas a sus experiencias más importantes, ayudarlas a juzgar a la luz del Evangelio las preguntas y necesidades que de estas experiencias brotan, educar al hombre a vivir la vida de un modo nuevo" (DGC #152). Como maestros y catequistas que somos, sabemos que necesitamos proveer tiempo, lo que los educadores llaman metacognición, que es la invitación a los jóvenes a reflexionar en lo que han aprendido. Los niños no siempre tienen que estar físicamente activos; más bien, pueden estar mentalmente activos, pensando sobre sus experiencias, aprendiendo a identificar la presencia de Dios en sus vidas, reflexionando sobre como ellos responderán al amor de Dios. Por supuesto, la metacognición se da en diferentes formas para el estudiante del primer grado y el de cuarto grado. Ayudar a los estudiantes a imaginar, a soñar, a pensar, a reflexionar en sus experiencias puede ayudarlos a encontrar el sentido de lo que han aprendido. Las oportunidades de momentos breves de silencio en el salón de clase pueden ser invitaciones de gran valor para que los estudiantes se concentren en sus ideas, se sientan cómodos en esa comunicación silenciosa de oración y apliquen la fe a sus vidas.

El testimonio del lugar que ocupa la reflexión en nuestro propio discipulado es un ingrediente crítico para formar a los estudiantes como discípulos pensantes. El uso que damos a nuestros "momentos de silencio" en la oración, para escuchar la voz de Dios, para pensar nuestras decisiones y acciones como discípulos, hablarán más efectivamente a los que catequizamos.

Forma de Implementar

En el grupo

1. Haga del lugar de oración un lugar sagrado donde, una vez se entra, es un lugar de silencio. Cuando la mesa para la oración ha sido preparada, dé tiempo para que los estudiantes piensen en el significado de los objetos allí colocados.

2. Después de haber proclamado la Palabra, pregunte a los estudiantes que se imaginen a Jesús entre la audiencia, o bien, a su lado.

3. Ponga música sacra para motivar la reflexión cuando los estudiantes leen, hacen alguna actividad o comparten.

4. Antes de pedir a los estudiantes que respondan a una pregunta, dé tiempo para que piensen sus respuestas o para escribirla antes de decirla en alta voz.

En la casa

1. Motive a los miembros de la familia a soñar despiertos sobre las formas en que podemos hacer del mundo un mejor lugar. Escoja una de las ideas para realizarla juntos.

2. Acostúmbrense a pensar en familia sobre la homilía, de regreso a casa, después de la misa del domingo; y luego, en el carro o en la próxima comida en familia, compartan algunos
pensamientos sobre eso.

3. Algunas familias tienen regularmente "momentos de silencio". Con la TV, radio, CD/DVD, puede la familia compartir un momento de silencio en casa. Los miembros de la familia pueden tomar algún momento de reflexión, leer la Escritura, un libro sobre los santos u otro escrito inspiracional. El momento de silencio puede terminar con una oración juntos, incluyendo unos momentos cuando la familia escucha lo que Dios está preguntando.







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