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Enriquecimiento para el catequista

Eucaristía: comida para el peregrinaje del discípulo

By Tom Quinlan
 Tom  Quinlan

Tom Quinlan es el director de la oficina de educación religiosa de la diócesis de Joliet, Illinois. Anteriormente trabajó en la arquidiócesis de Chicago. Tom tiene una maestría en Divinity de la Universidad de St. Mary of the Lake y ha presentado varios talleres en parroquias en el área de Chicago. A Ton le gusta viajar y tomar fotos de la parte oeste de Norte América.


¿Ha viajado en carro por largo tiempo? Probablemente que sí. ¿Recuerda la diversión, los paisajes, la fatiga, las paradas? Los viajes largos, ya sean en carro, bicicleta o a pie, pueden ser una metáfora de nuestro peregrinaje de fe.

Algunas veces nuestras vidas van cuesta arriba, algunas veces cuesta abajo. Algunas veces viajamos en condiciones agradables con días soleados, algunas veces nos envuelven las nubes, la niebla y hasta noches oscuras. Pero no importa, seguimos adelante porque tenemos una meta que alcanzar.

Para un católico, el camino de la vida es caminado en la fe. El Bautismo es importante porque es nuestro punto de partida, nuestro compás. Nos orienta en el peregrinaje de discípulado, en seguir de cerca a nuestro Señor, Jesús. El Bautismo llena nuestra relación con Cristo de una gracia especial y por medio de él, todo bautizado es hermano en Cristo.

Ahora, si el Bautismo nos envía por un camino de discípulo cristiano, la Eucaristía es nuestra comida para el camino. Siempre que nos referimos a ella como el Pan de Vida, el Santísimo Sacramento, o Cuerpo de Cristo, la Eucaristía es el regalo más íntimo que Jesús nos ha dejado. la presencia de Cristo está con nosotros y en nosotros.

La Eucaristía es verdadera comida y verdadera bebida. Comida ordinaria hecha de trigo y uvas que elevamos a Dios y que nos es devuelta como el extraordinario sacramento de Cristo para nosotros. Esto es posible porque Jesús se entregó a la voluntad del Padre, él ofreció su vida, su amor y finalmente su cuerpo y sangre en la Cruz.

La Eucaristía encarna el poder transformador de la cruz. Representa el misterio pascual, por el que sabemos que, en Cristo la muerte no tiene poder de destruir. . . que la gracia de Dios es más grande que el pecado y la oscuridad. La Eucaristía, primero compartida con sus discípulos la noche antes de morir, y dada para que pudiéramos vivir más plenamente aquí en este mundo, y al final se nos permita compartir la vida eterna.

Como en la última cena, Cristo desea alimentarnos. El desea ser nuestro refrigerio, nuestra comida para las dificultades, la belleza del viaje de la vida para el que Dios nos ha llamado. Cuando compartimos la Eucaristía estamos tocando la vida de Dios, dispuesta totalmente para nosotros y para siempre por la muerte y resurrección de Cristo. Es por eso que la Iglesia afirma, en el documento del Vaticano II, Lumen Gentium, . "que la Eucaristía es la fuente y culminación de la vida cristiana".

Ciertamente esto es algo que debemos tener en mente los días que no queremos ir a misa, o cuando nos encontramos aburridos y pensando en que vamos a sacar de la misa. La misa es, por supuesto, más sobre la participación que el simplemente recibir. Es más sobre nosotros que sobre mí. La Eucaristía, como liturgia, es un acto comunitario de adoración divina, donde la presencia total de todos y la oración activa es vital en esta gran oración de la Iglesia.

Después de todo lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, ¿por qué tratar de caminar sin su ayuda? Jesús sabía cuan difícil sería para nosotros seguir sus pasos. Es por eso que, precisamente, nos dio su Cuerpo y Sangre. . . .para poder estar íntimamente presente en nosotros, alimentándonos durante nuestro caminar como sus discípulos. Estemos siempre conectados por el amor de Cristo ofrecido a nosotros en su Pan de Vida. Cristo lo comparte con nosotros para que podamos seguir fieles a la dignidad de nuestra identidad bautismal y seguir el camino marcado por nuestro bautismo.

El Directorio General para la catequesis nos recuerda que somos llamados a darnos cuenta de que nos convertimos en lo que recibimos. Decir "amén" cuando recibimos la Eucaristía no es sólo decir "sí creo", sino también "sí me convierto". En este año de la Eucaristía, y siempre, haga que la Eucaristía sea no sólo el cuerpo de Cristo para nosotros. Que también sea nuestra comida para juntos ser más la voz total, el oído, del cuerpo de Cristo en nuestras familias, nuestros vecindarioa y nuestro mundo.

Forma de Implementar

En el grupo

Pida a los niños reflexionar en un largo viaje en carro. Invítelos a compartir sus experiencias, recordando las paradas en el camino (descansar, dormir, comer, para poner gasolina, para mirar el paisaje, para divertirse). Ayúdelos a ver como en nuestro caminar durante nuestra vida, también necesitamos parar y tomar descansos similares. Comente sobre la liturgia del domingo (como oración personal) como un momento de descanso y recreo (recreo en Dios). Converse sobre el deseo de Cristo de estar cerca de nosotros y de alimentarnos con la Eucaristía para fortalecernos para los retos diarios, como él lo hizo en la última cena.

En la casa

En familia horneen pan. Escoja una receta tradicional para que todos puedan participar. Durante el proceso o cuando lo estén comiendo, conversen acerca de lo que simboliza el pan y por que Jesús hizo lo que hizo en la última cena. Primero, simplemente prueben el pan vacío. Recen por un momento mientras prueban el pan. Considere hacer más de una hogaza para compartir con un vecino, algún necesitado, o en la escuela.






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