La celebración del Domingo Catequético se ha convertido en un evento anual para las parroquias en todo el país. Patrocinado por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Domingo catequético generalmente cae en el tercer domingo de septiembre y trata de comisionar a los catequistas durante la misa dominical o en cualquier otra reunión. El significado de dedicar este día cada año para reconocer, afirmar y comisionar a los catequistas no puede pasar desapercibido. El ministerio catequético es tan vital en la vida de la Iglesia que se invita cada año a todos en la parroquia a celebrar a los que contestan ese llamado. Es también una oportunidad para que todos vean la importancia del papel que juegan como miembros de la comunidad parroquial en el proceso catequético.
La pregunta dentro del tema este año es--¿Quién dicen ustedes que soy?—ofrece un reto y una oportunidad para que los catequistas reflexionen en su llamado. Tomado de la lectura del domingo, 17 de septiembre del 2006, el pasaje es precedido por otra pregunta: "¿Quién dice la gente que soy?" (Marcos 8:27). Esta es una valiosa pregunta para nuestros tiempos como lo fue en tiempo de Jesús hace más de 2000 años. Ha habido muchas cosas, santas y no santas, hechas en nombre de Jesús a través de los tiempos y nuestra época no es una excepción. Como catequistas estamos dedicados a presentar el evangelio como un todo a los que están bajo nuestro cuidado—no sólo el pasaje que me gustó o creo conveniente seguir. Verdaderamente que el objetivo de la catequesis "Intenta suscitar en el creyente una fe más madura en Jesucristo, un conocimiento y un amor más profundo de su persona y de su mensaje, y un firme compromiso de seguirlo". (DNC, 19 A)
Para realizar esta tarea de modo auténtico, el catequista debe estar dispuesto a entrar en el misterio de Jesús. Esto hace que la pregunta hecha hace muchos años a los discípulos sea igual de potente y profunda para nosotros hoy: "¿Quién dicen ustedes que soy?" Respondemos en fe no simplemente con una corta y fácil respuesta, sino cultivando una vida constante de oración y adoración, formando comunidad con otros creyentes y llegando a los que están marginados por la sociedad e imitando a Cristo en palabras, obras y decisiones diarias. Esta es la pregunta que debemos contestar cada día de nuestras vidas, permitiendo que amplíe la comprensión de nuestra fe y nos dirija hacia un ministerio más pleno que nos permita compartir la fe con otros.
Forma de Implementar
En el grupo
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En la casa
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