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Enriquecimiento para el catequista

Convirtiéndonos en lo que recibimos

By Andrea Blyth
 Andrea  Blyth

Andrea Blyth es la directora del ministerio de formación de jóvenes y adultos de la iglesia San Judas en Peoria, IL. Ella es graduada del programa ECHO de la Universidad de Notre Dame. A través de ECHO completó su maestría en arte y teología con énfasis en catequesis mientras servía durante dos años como aprendiz en una parroquia en la diócesis de Fort Worth.


¿Cuántas veces en vez de pensar en las palabras finales de la misa pensamos en la forma que vamos a salir con más facilidad del estacionamiento o en los artículos que necesitamos añadir a nuestra lista del mercado? ¿Cuándo el sacerdote proclama: "Vayan en paz". Internalizamos su significado?

Como católicos somos llamados a ser discípulos de Jesucristo, a seguir sus pasos. Así como Jesús dio de comer a los que tenían hambre, sanó a los enfermos, acogió a los extranjeros, dio esperanza a los desamparados, también nosotros debemos modelar nuestras vidas a su imagen.

Nuestra participación en la Eucaristía magnifica y confirma esa misión. Por medio de la catequesis entendemos totalmente las implicaciones de este principio básico de nuestra fe. La catequesis para la Eucaristía debe "Instruya a los fieles que estamos llamados a darnos cuenta de que nos convertimos en aquello que recibimos" (Directorio Nacional para la Catequesis, pp 139). Nos convertimos en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo. Santa Teresa de Avila reflexionó: "Cristo no tiene cuerpo sino el tuyo, no tiene manos . . .en la tierra sino las tuyas". Como miembros del cuerpo de Cristo el trabajo del cuerpo de convierte en nuestro trabajo, amar y servir a toda la humanidad.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que: "Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo". (CIC  #1396). "Si un miembro del cuerpo sufre toda el cuerpo sufre" (1 Corintios 12:26). Debido a la Eucaristía estamos comprometidos a servir a los pobres (CIC #1397) Nuestras vidas se entrelazan con un lazo humano de amor (Oseas 11:4) a Dios y a los demás.

Jesús nos dice que "Quien come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él" (Juan 6:56). Consumimos nuestro Dios vivo y somos consumidos por él. Nuestras idas naturalmente deben rebozar con el amor de Cristo que revimos en la Eucaristía, que nos manda a ir a amar y servir al Señor, especialmente en los pobres.

Forma de Implementar

En el grupo

Considere en como su grupo puede adoptar un niño de una organización o de una misión parroquial. Rete a los estudiantes a economizar algo de dinero durante las semanas tomando menos sodas, comiendo menos pizza, o comprando meriendas en la escuela y usar el dinero economizado para ayudar al niño adoptado. Ponga una foto del niño(a) en el aula con información sobre el niño y aprendan más sobre su país de origen. Escriban cartas para enviar al niño y preparen paquetes especiales para enviar durante Navidad.

En la casa

En familia sirvan comida en una cocina popular. Tomen tiempo para hablar con las personas y escuchar sus historias. En la casa preparen juntos una comida, dando oportunidad a todos de contribuir. Al tiempo de servir la comida dé dos reglas: 1) Nadie puede servirse a sí mismo, sino servir y ser servido por alguien; 2) Nadie puede pedir ser servido. Después de la comida conversen sobre como se siente el depender de otro para recibir comida. Conversen sobre lo que aprendieron al tomar conciencia de lo que otros están haciendo y como ayudan a darle lo que necesitan.






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