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Enriquecimiento para el catequista

Pablo y la libertad, séptimo de una serie

By Rev. Donald Senior C.P.
Rev. Donald  Senior C.P.

Donald Senior entró en la congregación religiosa de los Pasionistas en 1960 y fue ordenado sacerdote católico en 1967. Es el Presidente del Catholic Theological Union, Chicago, Illinois, desde 1987 donde también enseña sobre el Nuevo Testamento. El enseña y conduce talleres en los Estados Unidos y en el extranjero.


Pablo y la libertad
"Para ser libres, nos ha liberado Cristo. Por eso, manténganse firmes y no permitan de nuevo el yugo de la esclavitud" (Gálatas 5:1). Estas conmovedoras palabras de Pablo lo pintan como un revolucionario, y, de muchas formas lo fue. La noción de libertad de Pablo nos lleva al corazón de su mensaje teológico.

Al tiempo que Pablo, un orgulloso ciudadano romano e hijo de Israel, pudo resistir la opresión política, su noción de "libertad va más allá de cualquier sistema político". Para Pablo la esclavitud u opresión última no era impuesta por una tiranía particular o estructura política. Una esclavitud más profunda esclavizaba a la humanidad: el pecado y la muerte. Esta fuerza mortal mantenía esclava a la humanidad siendo esta su control sin importar cuan "libre" se pudiera sentir.

Aquí encontramos el punto de vista religioso de la realidad de Pablo, una profunda influencia de su fe judía y la enseñanza de Jesús. Dios creó el mundo, incluyendo a los humanos, todo era bueno, pero el pecado de nuestros antepasados, el mal y la muerte, han afectado la estructura de la sociedad y las inclinaciones de las decisiones humanas. Esta herida moral en la persona humana lleva, aun a las personas buenas, a hacer cosas malas. En Romanos 7, Pablo elocuentemente reflexiona en esto en su famoso soliloquio sobre las frustraciones de la persona buena: "Y no acabo de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Pero si hago lo que aborrezco, estoy reconociendo que la ley es buena y que no soy yo quien lo hace, sino la fuerza del pecado que actúa en mí. Y yo sé bien que no hay cosa buena en mí, en lo que respecta a mis apetitos desordenados. En efecto, el querer el bien está a mi alcance, pero el hacerlo no. Pues no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco. Y si hago el mal que no quiero, no soy yo quien lo hace, sino la fuerza del pecado que actúa en mí" (Romanos 7:15-20). Pablo afirma que esta impotencia moral afecta no sólo al ser humano sino al mundo mismo que "gime" bajo el impacto del pecado y la muerte: "Condenada al fracaso, no por propia voluntad, sino por aquel que así lo dispuso, la creación vive en la esperanza de ser también ella liberada de la servidumbre de la corrupción y participar así en la gloriosa libertad de los hijos de Dios" (Romanos 8:20-21).

Pablo cree que la humanidad es inherentemente buena y destinada por Dios para la vida, no para la muerte. Pero el poder del mal ha herido severa y radicalmente la capacidad de la persona humana y sólo el poder de Dios puede liberar a la humanidad del grillete de este poder tóxico. Para pablo esto es precisamente lo que Dios hizo por medio de la muerte y resurrección de Jesús. Por medio de su cruel crucifixión, Jesús experimentó toda la fuerza de la muerte, pero por medio del poder del amor de Dios, Jesús rompió las cadenas de la muerte y nos dio acceso a este mismo poder salvador por medio del Bautismo. En las palabras poéticas de Pablo, en el Bautismo los cristianos: "Mueren en Cristo" y "resucitan en Cristo" a una nueva vida (Romanos 6:1-4).

Este acto de Dios en Jesucristo es la base y seguro de nuestra esperanza para la vida eterna. El reto ético para los cristianos ahora es vivir una vida auténticamente libre, no esclavizada a nuestros impulsos malignos sino verdaderamente como hijos de Dios. Pablo es lo suficientemente realista para darse cuenta de que los cristianos pueden pecar, pero si se mantienen abiertos al Espíritu dador de vida de Dios dentro de ellos, pueden tener la capacidad de vivir una vida de libertad, una vida que exprese amor.

Forma de Implementar

En la casa

Punto para conversar 
El punto de vista de Pablo de la vida es realista y esperanzador. Realista, porque su explicación del poder del mal y la muerte podemos verlo diariamente en los titulares. Sin embargo, es también esperanzador porque Dios creó al ser humano bueno y destinado a una vida de libertad manifestada en el amor. ¿A quién ves como testigo de la libertad que Cristo ganó para nosotros? ¿Qué testimonio das tú?






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