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Enriquecimiento para el catequista

Pablo, el apóstol humano, noveno de una serie

By Rev. Donald Senior C.P.
Rev. Donald  Senior C.P.

Donald Senior entró en la congregación religiosa de los Pasionistas en 1960 y fue ordenado sacerdote católico en 1967. Es el Presidente del Catholic Theological Union, Chicago, Illinois, desde 1987 donde también enseña sobre el Nuevo Testamento. El enseña y conduce talleres en los Estados Unidos y en el extranjero.


Pablo, el apóstol humano
Puede que pensemos que Pablo era una especie de coloso de pie, bloqueando a la Iglesia primitiva, poderoso, apasionado, brillante. El era todo eso, pero también alguien muy consciente de sus debilidades: propenso a heridas personales, avergonzado de haber perseguido a los cristianos y mostraba enojo y frustración. De hecho era un apóstol muy humano.

Pablo fue un furioso perseguidor de la Iglesia. Cuando Esteban, el primer mártir cristiano, fue asesinado a pedradas por una enojada multitud en Jerusalén, el joven Pablo estaba aprobando y cuidaba de las capas de los matones (Hechos de los apóstoles 7:58, 8:1). Lleno de celo por lo correcto Pablo: "Perseguía con furor a la Iglesia" (Hechos de los apóstoles 8:3). Entrando a las casas de los cristianos y llevando mujeres y hombres a las cárceles. Después de su conversión, Pablo no olvidó sus excesos. Cuando recordaba la aparición del Señor resucitado, Pablo se ponía en la lista como alguien que debía ser llamado: "Yo, que soy el menor de los apóstoles, indigno de llamarme apóstol por haber perseguido a la Iglesia de Dios" (1 Corintios 15:9).

Pablo aparentemente padecía de una enfermedad crónica que era fuente de incomodidad para él. En tiempos de Pablo un impedimento físico era visto como una maldición de Dios y especialmente impropio en alguien que se dice ser líder religioso. Por su comentario en Gálatas (4:15) "Yo mismo soy testigo de que, si hubiera sido posible, se habrían arrancado los ojos para dármelos". Parece que Pablo sufría de una enfermedad en los ojos. Pablo contesta los negativos comentarios de algunos corintios convertidos: "Las cartas, dicen algunos, son severas y fuertes, pero en persona es poca cosa y su palabra despreciable" (2 Corintios 10:10). Esta dificultad física es probable a lo que Pablo se refiere como una "espina clavada en mi carne" (2 Corintios 12:7) y por lo que pedía a Dios que lo librara de ella.

Es también claro que Pablo podía estar desencantado por la mezcla de los resultados de su ministerio. Esos largos lamentos sobre las penurias que tenía que soportar, aparecen especialmente en la segunda carta a los corintios, uno de sus escritos más autobiográficos. Cuando la comparación con otros misioneros cristianos no es en su favor, Pablo presenta una lista de todos sus sufrimientos: "¿Son hebreos? También yo. ¿Israelitas? También yo. ¿Descendientes de Abrahán? También yo. ¿Ministro de Cristo? Voy a decir una impertinencia: más que ellos lo soy yo. Los aventajo en fatigas, en prisiones no digamos en palizas y en las muchas veces que he estado en peligro de muerte" (2 Corintios 11:22-23). Pablo sigue enumerando: palizas, hambre, noches sin dormir, inundaciones, viajes peligrosos, frío, sed, etc., etc. Pueden leer este pasaje famoso en 2 Corintios 11:21-33.

Uno de los disgustos más fuertes de Pablo fue su profunda tristeza porque sus compañeros judíos no querían abrazar el cristianismo, en este sentido Pablo expresó: "Digo la verdad como cristiano y mi conciencia, guiada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento al afirmar que me invade una gran tristeza y es continuo el dolor de mi corazón" (Romanos 9:1-2).

Lo verdaderamente impresionante sobre esta dimensión del carácter de Pablo es que él acepta su inherente debilidad y la ve como parte del evangelio que predica. Porque Pablo era débil, el poder de Dios pudo brillar a través de él. Este es el punto de uno de sus pasajes más hermosos. "Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros. Nos acosan por todas partes, pero no estamos aplastados; nos encontramos en apuros, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos aniquilan. Por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. . ." (2 Corintios 4:7-16).

Pablo acepta sus limitaciones uniéndose con Cristo crucificado, quien también experimentó la debilidad y la muerte, pero quien fue transformado en una nueva vida por el poder de Dios. Pablo entendió sus luchas como una encarnación del evangelio que predicaba: Cristo está con nosotros, en nuestras debilidades y sufrimientos y nos llevará a la vida plena con Dios. Pablo dice: "En lo que a mí toca, hermanos, cuando vine a su ciudad para anunciarles el misterio de Dios, no lo hice a base de elocuencia o de sabiduría. Pues nunca entre ustedes he presumido de conocer otra cosa sino a Jesucristo, y a este crucificado" (1 Corintios 2:1-2).

Forma de Implementar

En la casa

Punto para conversar
Todos, sin importar los logros y talentos tenemos debilidades psicológicas, físicas o espirituales. Las conversaciones de Pablo sobre sus debilidades, a la luz de su fe en Jesús crucificado, es una hermosa dimensión de sus escritos y poderoso legado a nosotros. ¿Cómo manejo mis limitaciones? ¿Cómo mis limitaciones son una fuente de gracia para mí y esperanza para otros?






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