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De mi casa a la tuya

Esta columna tiene como meta reconocer y abrazar el amor de Dios presente en muchas historias de nuestras vidas diarias. La envío desde mi casa a la tuya y espero que puedas enviar tu historia y así ayudarnos a que lo sagrado en nuestro alrededor tenga más significado.


De vuelta a la naturaleza

Nuestros vecinos han regresado. Estuvieron fuera durante varios meses y los extrañábamos. Es agradable verlos de nuevo caminando por el patio en la grama que ha crecido mucho durante su ausencia. Algunas veces galopan, yendo y viniendo. Uno de ellos mastica la hierba cerca de la verja. No puedo decir que compramos esta casa basada en su presencia, pero ciertamente endulzó el negocio. El tener caballos de vecinos es el pago por vivir lejos del supermercado.

Los estuve mirando durante mucho tiempo una de estas noches. Me apartó de la cacofonía de las noticias y el incesante chequeo del Internet. Quizás si todos viviéramos frente a uno o dos caballos fuéramos más amables unos con otros. Aprendí una nueva terminología este verano?Deficiencia de la naturaleza. Es causada por la privación del contacto con la naturaleza, y es oficialmente considerada una enfermedad mental. Este desorden está en aumento en los adolescentes que con más y más frecuencia no pueden estar al aire libre sin unos audífonos en los oídos. Como resultado no pueden apreciar o estar atentos a la naturaleza del mundo. No creo que esta deficiencia ha sido informada a los jóvenes. Cada uno de nosotros necesita, de vez en cuando, tirar la toalla para comunicarse con el medio ambiente. Los recuentos de los evangelios nos dicen que Jesús se alejaba a lugares tranquilos para ilustrar su adherencia a la vida de oración. También me preocupa si él simplemente anhelaba un espacio en que pudiera alejarse de pleitos y aburrimiento de sus discípulos. Esto debió darle un tremendo dolor de cabeza. Además de dar un bendito respiro, un tiempo aparte puede también afinar sus habilidades de escuchar lo que es realmente importante. Piense por ejemplo en la historia del ciego Bartimeo (Marcos 10:46-52). Jesús escucha su voz en la multitud y le responde de manera amable: "¿Qué quieres que haga?" Es una pregunta sensible a tono con la necesidad de un pobre hombre. Si se nos hace la misma pregunta muchos de nosotros estaríamos presionados a responder, dada nuestra deficiencia natural. Cuando continuamente estamos inmersos en nuestro ruido externo, ¿cómo podemos estar a tono con nuestras profundas necesidades? Se necesita distancia y algo de "susurros del alma" para descubrir las respuestas que están debajo de la superficie. Esto se hizo claro para mí cuando ofrecía un retiro para madres jóvenes hace algunos años. Entre sesión y sesión ofrecía dirección espiritual a los interesados. La lista se llenó rápidamente. Todas entraban al cuarto de la misma forma. Se sentaban y rompían a llorar. Contaban historias de problemas matrimoniales, preocupaciones de salud y ansiedad acerca de las demandas de ser madre. El retirarse a un lugar tranquilo parece que abre el oído interno al corazón que ha sido enchufado a vidas muy ocupadas y muy poco tiempo. Si hubiera un pasto para caballos cerca, Yo les hubiera asignado una visita de media hora a sus residentes.




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